sábado, 18 de febrero de 2012

La superficie de la profundidad: consideraciones entorno a la jovialidad de la ciencia en Nietzsche.

Introducción.

Dentro de lo que representa la llamada fröhliche Wissenchaft habremos de encontrar la no menor impronta de lo que en la filosofía ha de tomarse en serio. Definitivamente en un nuevo enfoque al conocimiento, volteando y girando, rememorando aquel sobresalto del fenómeno estético y su juego expresado En el nacimiento de la tragedia hasta el desliz de las últimas consecuencias en el seguimiento a la crítica de la ciencia en las consideraciones del lenguaje -esto en el prístino ensayo Sobre verdad y mentira en sentido extramoral-. En todo ello figura el concepto de ‹apariencia›, así como la ‹heroicidad› y su particular afirmación vista en la incorporación de los errores. Aquí trataré sobre como respaldan dichas figuras respecto a las consideraciones de ciencia.

Será importante resaltar el contraste que hay en el planteamiento de la apariencia que hace Nietzsche en el texto Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, el cual se encuentra desde un horizonte guiado por el término “Erkenntnis” para la pregunta por el conocimiento. Dicho término tiene un uso dentro de las aras de una epistemología que se pregunta por la validez y el origen del conocimiento. Al “conocimiento inventado” (das Erkennen erfanden) refiere al principio del tal texto. Es claro que para La ciencia jovial el término “Wissenchaft” tiene un peso mucho mayor, en cuanto se pregunta de hecho por el saber (Wissen) humano, en donde también incumbe no sólo al hombre teórico sino también a la ‹distancia artística›, aquella que sabe del juego metafórico que el lenguaje representa1. Aquí trataré de ello a través de los conceptos de ‹apariencia›, ‹distancia›, así como el ‹héroe› quien afirma la relación de ambas en las consideraciones de la ciencia.

*

Al parecer desde los linderos de Sobre verdad y mentira extramoral la única alternativa que se tiene respecto al concepto errado del ‹hombre teórico› es la intuición. No porque desde su medio se llegue a algo más verdadero, sino porque desde ahí el lenguaje está en función desde la metáfora, lo cual implica moverse dentro de un universo mítico y artístico, que desde lo apolíneo es posible expresar con los velos de la bella apariencia.

La génesis del lenguaje no puede estar más allá, por lo que la lógica con la que el filósofo mienta la verdad de la esencia de las cosas se encuentra limitada a un absurdo2: la adecuación del lenguaje respecto a la realidad puede ser olvidada, no obstante, sin ésta adecuación lo único que se puede poner sobre la mesa es la metaforicidad del lenguaje.

Por su puesto, aquí al lenguaje parece estar forzado a la referencia de un “mundo real” al mismo tiempo que se niega. ¿Cómo?, ¿el esfuerzo obtuso del ‹hombre teórico› que cree optar por un conocimiento válido, encuentra su justificación en la utilidad que se le brinda a tal engaño, a pesar de resultar insuficiente?:

“[…] la "percepción justa" -dice Nietzsche- término que significaría la expresión adecuada de un objeto en el sujeto- se me antoja un contrasentido; pues entre dos esferas radicalmente distintas, como lo son el sujeto y el objeto, no media ninguna causalidad, ninguna adecuación, ninguna expresión, sino a lo más un comportamiento estético, quiero decir, un transferir alusivo, un balbuciente traducir a una lengua extraña; para lo cual es menester, en todo caso, una esfera y fuerza mediadora que elabore e invente libremente. El término "apariencia" comporta muchas seducciones, por lo que lo evito en lo posible; pues no es cierto que la esencia de las cosas aparezca en el mundo empírico”3.

Esta precaución al término ‹apariencia› es tal debido al planteamiento del ensayo. Pero ya Nietzsche aquí sospechaba negativamente un motivo para la Wissenchaft: “que la esencia de las cosas aparezca en el mundo empírico” dicha frase será trastocada. Pues “lo activo y lo propiamente viviente, qué burlándose de sí misma llega a serme sentir que aquí no hay más que apariencia4 (§ 54). Claro que no será ya desde la división radical entre un sujeto y un objeto, teoría y práctica5 el enfoque de La ciencia jovial.

Por otro lado, el nombrar las cosas con y desde la metáfora –desde el planteamiento anterior- no parece hacer mancuerna con la apariencia, no parece incorporarse por completo a lo que “termina siendo parte de la cosa”. Como si las cosas no cambiasen junto con la metáfora; el devenir, en este sentido, le viene incomodo por lo que habría que replantear tanto el nombrar como “las cosas”. Pero, ¿cómo puede suceder este re-planteamiento, afirmando el término de ‹apariencia› estrechamente vinculado con lo que se mienta de las cosas?

Con el término ‹apariencia› se pone en juego la relación sujeto-objeto, pero que al mismo tiempo desemboca en el resaltar de la ‹heroicidad› que hace factible el terreno de la jovialidad, como se verá.

No obstante, en primer lugar, el análisis anterior muestra que habría que erradicar el “algo más allá” de lo que se encarna en el acto de nombrar. Y en segundo lugar, como un acto de nombrar está en todo momento siendo, y por ello es improcedente hablar de una esencia fuera del tiempo. Con ello, ‹apariencia› y ‹devenir› no son términos contrapuesto. Por lo que una pregunta por el origen (intemporal) o por las condiciones idénticas que permiten el conocimiento, sería improcedente con tales consideraciones.

No hay nada que el lenguaje pueda determinar en absoluto como causa adecuada, pero tampoco hay algo que impida comprometer al humano con el objeto, sea para bien o para mal; o en palabras de Nietzsche, ésta es “la conservación de la especie” que necesariamente acompaña todas las acciones “el hombre” a costa de no perecer (§1).

Ya no es sólo un mero “comportamiento estético” el que media, sino “un dramático autoesclarecimiento de la existencia”6. El acto de crear, de nombrar, de comprender, esta remitido irremediablemente a nosotros mismos.

Por eso, sólo como creadores nos es permitido negar la adecuación de una esencia dada, más al mismo tiempo afirmar la fluctuación de aquello que vale como esencia, en nuestro comprender cosa que constituye “el ver un ojo más en el gran ojo” –por usar palabras de La genealogía de la moral-.

La visión del mundo cotidiano lleva consigo la “imperiosa necesidad de ser”; y en el nombrar anidan imágenes que aluden a los resultados de enfrentamientos incesantes -por decirlo así- como olas que llegan al límite con la arena: pues “por lo habitual –afirma Nietzsche- nosotros sólo experimentamos el resultado de la lucha: tan rápido y tan oculto se desarrolla ahora en nosotros este inveterado mecanismo” (§ 111).

En el “nombrar la realidad” no hay admisión a la tiranía de la apariencia por parte del concepto trasnochado. Siempre ha sido un ir y venir infinito donde valen “nuevos nombres, valoraciones y verosimilitudes para crear, a la larga, nuevas cosas” (§ 58). Pero esto no es la violencia de una tiranía, sino la misma noble lucha inmanente.

He aquí lo que hace factible la posibilidad de considerar la Wissenchaft, es ya, un “incorporarse al saber [Wissen] y hacerse instintiva” (§ 11) a la misma conciencia. En este sentido ahora, aquello lo que sea la conciencia, ésta no escapa de la actividad vital de la apariencia.

El lenguaje en su ya no “parecer extraño” no se trata ahora de relacionarlo con un reconocimiento (Erkenntnis) que parta de un intelecto atemporal, sino precisamente de un saber incorporado o lo que es lo mismo: la conciencia ahora también es objeto.

Una conciencia en donde nada más cabria inteligir la realidad desde el rayo y arbitrio de unas condiciones parece hablar de “una ridícula sobrevaloración y malentendido respecto a la conciencia” (§11).

En efecto, después de lo anterior, la procedencia de la cuestión sobre los parámetros (trascendentales o trascendentes) que otorgan validez, en suma, la cuestión sobre el origen del conocimiento es menester transformar; enfocando ya la actualidad donde converge la actividad de la apariencia, en vez de lo abstracta y meramente empírico.

Pues en la medida en que se afirma como ‹apariencia›, al mismo tiempo las consideraciones en las que se mece el mundo, así también sus diferencias tienen que ser afirmadas. El Conformar los múltiples sentidos es lo que está siempre en juego para el filósofo “jovial”. Así mismo, habría que explicarse también el malentendido y la sobrevaloración que los filósofos hacían de la esencia, quienes con ello dejan en claro como la apariencia a sus ojos resultaba infravalorada: sea porque no sabían del arte “bailarín y burlón” que lleva consigo afirmar que en “la apariencia, desde el principio, casi siempre se convierte en esencia y actúa -y ríe añadiría yo- como tal” (§ 58).

Es pues con la figura del límite de la ‹apariencia› que se busca evitar toda confusión que miente una equis no develada; la exigencia es clara: dejar de buscar “algo más allá de las estrellas” –como más tarde se dirá con Zaratustra-. Porque “¡en verdad [la apariencia] no es una máscara muerta que se pueda colocar a una X desconocida y que también pueda quitársele!” (§54).

**

Ahora bien, venidos de afirmar un doble carácter, a saber, i) que “la apariencia actúe siempre como esencia” y ii) que, por ello, no haya nada más allá de la apariencia en donde pueda ocultarse una verdad absoluta; ahora en las implicaciones de ambas afirmaciones radica la novedad de la Wissenchaft –por si fuera poco. Una de ellas Nietzsche la expresa en los siguientes términos:

“tan pronto como vemos una nueva imagen, la construimos inmediatamente con la ayuda de todas las experiencias previas que hemos tenido, aunque dependiendo del grado de nuestra honestidad y justicia. No existen en absoluto otras vivencias que las morales, incluso en el ámbito de la percepción sensible.” (§ 114)

Esto no quiere decir otra cosa de lo que ya habíamos mencionado más que el anunciar enfáticamente el terreno donde se juega la “ciencia jovial”: en vivencias morales. Es este un alcance radical, y de choque con lo que alguna vez el mismo Sócrates interpreto por el “conocimiento de sí mismo” de la tradición délfica. El malentendido de esta frase sospechada ya por Nietzsche en El nacimiento de la tragedia hace notar que tanto tiene que reparase en ello. En efecto, ¿en qué medida remiten las vivencias morales a nosotros mismos?

Las vivencias morales son heterogéneas, no es un objeto abstracto de estudio que se pueda delimitar y hacer homogéneo puesto que, en todo caso, quien delimita está en la misma lucha de fuerzas de las cuales continuamente construyen sus “nuevas imágenes”, nuevos valores. Por eso resalta Nietzsche el carácter absoluto de las vivencias para las cuales no hay elección de prescindir –quizás sí de ignorar-.

Y más sin embargo, a pesar de la aparente “dificultad” que hay en no poder delimitar estrictamente estas vivencias, ello no quiere decir que no se pueda hablar al respecto para llevar a cabo los propósitos de una wissenchaft.

Pues, si entre la creación y consideración de valores hay una afirmación de aquel ‹actuar de la apariencia›, entonces ella se da sólo si hay también cierta resistencia al deseo de certeza, en otras palabras, desde cierta ‹distancia› se descubre que entre la medida de lo que se considera como “bueno”, “malvado”, “esto”, “aquello”, “la balanza está desequilibrada por más evidente que nos parezca (§2).

No obstante, esta distancia no debe tomarse como una contemplación atemporal y desinteresada, todo lo contrario, una vez más, es sobre el ‹actuar de la apariencia› que se devela el absoluto engaño. Y precisamente es esto lo que se presenta con el héroe:

“El grado de honestidad y justicia” (§114) de Edipo fue lo que construyó su destino trágico, en la medida en que éste llevando a cabo sus acciones por medio de sus valoraciones y decisiones: “Pero ninguna otra mano, -así exclama Edipo- ninguna otra, sino mía, ha reventado mis ojos, ¡desdichado de mí!”7. La distancia se encuentra dentro de cada una de sus acciones en donde en todo momento va construyendo en un hilar su destino, del que el vendaval del tiempo arrasa a Edipo y solo los dioses lo pueden cantar porque no están en el tiempo, más los dioses pertenecen a ese “Olimpo de las apariencias del hombre” -como se refiere Nietzsche a ello.

La desgracia que aflige a Edipo, eso de matar a su padre y cometer incesto con su madre aún evitándolo, no son mero accidentes causadas por la maldición de un dios, sino que ahí se expresa simbólicamente la ambigüedad y contradicción de la existencia. Que necesita ser esclarecida. Es ello un drama de la existencia.

Justo por ello, sin embargo, no habría que remitir a la culpa, puesto que se sabe de la posibilidad de esta ‹distancia› esclarecedora. La cual, por otro lado, implica saber cómo y qué tan “desequilibrada” (§2) está la balanza de las consideraciones de “esto” o “aquello” que se cree tener como evidente y fijo. Esto es hacer que “el error se incorpore”. Un saber siempre renovado, vivo, y todo un arte de resistir para no sucumbir ante la pereza del hombre y su anhelo de un segundo mundo, por no saber del tiempo. Esta “conciencia intelectual” va de la mano con la fröhliche Wissenchaft.

El ejemplo del héroe no es para menos, pues es éste quien afirmando la actividad de la apariencia va creando valoraciones, y con ella afirmando el desgarro y aura de las vivencias morales. Aquella resistencia es más que un mero escepticismo, es también, por contra, incorporar la distancia, una distancia que siempre está siendo adentro.

Que las grandezas y los objetos quieren ser vistos desde una cierta distancia, es la exigencia de llevar el “ideal de nosotros mismos” (§107). Ahí se condensan las vivencias morales como la única tierra donde lo ‹heroico› se despliega, sus acciones fintas que bailan con y para lo infinito.

Cuidado entonces de confundir las vivencias morales con algún apego dogmático religioso. La necesidad de la apariencia que conlleva la afirmación de la ‹distancia artística› se expresa en una necesidad ontológica: “necesitamos todo arte insolente, fluctuante, bailarín, burlón, infantil, y bienaventurado, para no quedar privados de aquella libertad sobre las cosas que exige nuestro ideal de nosotros mismos” (Ibíd.). Una “preparación del intelecto para su ‹futura objetividad›”

¿Se ha entendido como esta ‹futura objetividad› constituye la ciencia? En donde habría que “descubrir tanto al héroe como al loco que se esconde bajo nuestra pasión por el conocimiento”, al aforismo trágico del ser.8

Por eso es que -no lejos de esto- dice Foucault respecto a la genealogía:

“[…] no es en absoluto una adquisición, un saber que se acumula y se solidifica; es más bien un conjunto de pliegues, de fisuras, de capas heterogéneas que lo hacen inestable y, desde el interior o por debajo, amenazan al frágil heredero”.9

Así también la tradición se le mira, sin ninguna reserva. No hay un ocultismo esperando, el saber se devela. La jovialidad lleva consigo, como ese frágil heredero, en el nombrar, la posibilidad de una ilustración. Una vez desatados los pesos y malentendidos de la esencia, la incorporación de la distancia, y la reivindicación de la apariencia: así que de cerca respiran esos griegos “superficiales –por su profundidad”.

Citas y bibliografía.

1. Véase, Nietzsche, Friedrich, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. Obras Completas, vol. I, Ediciones Prestigio, Buenos Aires 1970, pp. 543-556.

2. Ibíd., pág., 546.

3. Ibíd., pág., 549

4. El subrayado es mío. A partir de ahora cito para La ciencia jovial de F. Nietzsche, la edición de Editorial Colofón, traducción de Germán Cano, México, 2001.

5. Véase, Sloterdijk, Peter, El pensador en escena, Traducción de Germán Cano, Editorial Pre-textos, Valencia, 2000, pág., 22.

6. Ídem., Para quien esta es la particular reivindicación de la ilustración llevada a cabo por Nietzsche.

7. Sófocles, Edipo Rey, Pehuen editores, Colombia, 2001, pág., 37.

8. Véase, Cacciari, Massimo, “Aforismo, tragedia, lírica” en Perspectivas Nietzscheanas, núm., 3, 1994, pp. 9-34. Los aforismo sugiere Cacciari, no son metáforas sino propiamente definiciones distinguidas en el ámbito de lo jovial.

9. Foucault, Michael, Nietzsche, la genealogía, la historia. Valencia: Editorial Pre-textos, 1997, pág., 5.

viernes, 23 de julio de 2010

En tiempo





¿De cuándo acá las palabras hacen poesía? ¿De cuándo acá las luciérnagas tiñen sus cabellos? ¿De cuándo acá el sol vislumbra derrotados senderos? ¿De cuándo acá ha venido el cuándo sin el cómo ni conmigo?


Venido descalzo con calcetas enlodadas de mil trincheras engarzadas, bienvenido y maldecido Lo supuse engalanado de ropajes sin jirones, de historia mentida maltratada por acordes vagos y engranes acordes

En la trinchera estuve antes de nacer con robles y la estepa embestida como en un camposanto alabando vida Viviendo de fosa en fosa esculpida de mármol, de barro y limo.

Inaudito el llanto a-fotogénica la risa visible sin dientes sin saliva, sin boca que aprendiese el llorar

Aquello del nacimiento dibuja la ausencia Sacase de las trincheras concurridas venas sin licor Dadiva el llanto: ahí nace el hombre, la poesia, las luciernagas, los senderos derrotados venidos conmigo.




lunes, 5 de julio de 2010

eL silencio





Fúguese el ruido por rincones y cuadrantes
Puertas
Que solo resten tus gemidos
Y que callen esos ruidos
Como antagónicas alertas

Que nuestro cuarto fúnebre altar
Y nuestros cuerpos teúrgicos lamentan
Ya catedral de tu vagina
Arrodillase con llanto a caudales,
Y laguna vuelves
La sabana que nos cobija
Embalsamando nuestros placeres
Ya estrujados en vasijas
De noche y roca

Fúguese el ruido por mi boca
Haciendo espacio al aliento
Que fermenta, tiñe espejos y segmenta
Foráneo ruido y lo palpable estremecido
Por caricias y los ecos
Resonantes de un dedo capricornio
En tacto señalando
Punto germinal y de partida

Silencio, silencio
Sonora puerta altiva
Sortilegio de mi vida resucitada
De algún beso ruin
Del ego y su acompañada:
Nada, éxtasis o
el silencio.

jueves, 3 de junio de 2010

La mitAD de mis Ojos

Mi llorar fluye solo por un ojo,
La otra mitad se conservo en segundos
Pesimistas arcilla de otros mundos.

Uno comparte con potencia
El otro con fatalidad derrama las blandas gotas

Charcos entre la arcilla arqueológica
De ellos abreva mi resigno
Hijo de mis ojos negros
Como fosas de un pozo
Añejado de musgo
Y aleteos de parcos mosquitos

Aquella conclusión en ley: piedra
Irreductible ante charcos con arcilla
Artífice arquitecto el viento que le urge
Mezclar el agua tras el día

¿Y por qué ha de amoldar la piedra al viento
Y el viento a la arcilla?
¿Y un ojo al ánimo asustado
Mientras el otro mira?
¡Mira bien!
¡Sigue mirando!
Expectante anfitrión
Que sabe el color del telón

¡Oh! Y después salvante niño-poeta
Que arrojas semejante piedra
Por los hondos ecos de los pozos
Niño que nació aprendiendo
Haciendo música con un viento

Mi ojo llora porque sabe de impotencia
La ley ríe de soberbia
Ley que cuadra el tiempo futuro
Lo vacía entre su caja

Y ¡ay! Del viento que es indescifrable
Corriente irreductible ¡oh! ¡Lamentable!
¡Pero si la piedra volviera a ser arcilla!
Polvos de encanto por la vida

-Ya, ¡ya! Deja de susurrarme ¡niño!
Demasiada alegoría entre tus bolsos
Deja a mi ojo que llora de ser optimista
Al viento déjalo ser azar
Y la piedra la moral
Puesto que de arcilla son nuestras palabras

miércoles, 28 de abril de 2010

Psique unívoca


El nulo movimiento
Compendio del cuarteto de esquinas
Desaire que subleva
Nuestros cabellos deshiladas cortinas,
Oscuridad longeva.
Manta hilada de noche
Y rincones foscos con postigos rutilantes,
Que impelen ayees, los suspiros.
La símil ansiedad conmuta angustia,
Lluvia dada con ausencia de frio,
Y de un canto que a la muerte perdura
Del contagio de Morfeo
La necesidad del tiempo.

Estáticos junto al segundo,
Nos murmura en un oído.
Noche fosca sin movimientos
Ceñida de tiempo.

Cuya amplitud nada condena
Al progreso: la línea se dobla,
Cae el peso de ilusoria cadena,
Por el nudo de dos cintas:
Algo diurno y algo ensueño.
Lo confieso: se desenvolvía sin movimiento.
Fue Morfeo, quien deviene el viento.
En noche fosca sin movimientos
Ceñida de tiempo. Ausente de antes.
Manta hilada de noche
Y rincones foscos con postigos rutilantes.

viernes, 16 de abril de 2010

[A] sí



…"Así, pues, el Dios, habiendo decidido formar el mundo lo más posible a semejanza del más bello de los seres inteligentes y de un Ser en todo perfecto, ha hecho de él un viviente único, visible, conteniendo en su interior a todos los vivientes que son, por naturaleza, de la misma clase que él." De un azote de pasta cerro el libro. La contraportada del “Timeo” disperso el polvo. Más tarde se colmo su argumento en la mente, dando brote a semejante conclusión. Pasando lista a sus pruebas perenes, Federico se declaro ateo en un momento de discusión con Malena, quien acaudalo el tema a su estado de ánimo y el todo de su amada Antonia. –“…un yo no sé qué, literalmente la Diosa Circe palpo mi piel con la sangre de sus labios rojos” esto para Federico era indubitable, Antonia llego a sentarse con los fantasmas de su elocuencia. Malena repuso el tema sobre la mesa, su entusiasmo se deleitaba con lo hablado, no así Federico quien trato el tema con una seriedad lógica que hacia retardar cada trago de vino tino de su única copa. Convencida estuvo Antonia de lo que Federico quería decir. Pero infirió que nunca se dijo a si misma atea, por la paradójica, risible, afirmación de un ateo; - “el mejor abogado que hay de la existencia de Dios, es su delator. El que lo reniega también lo afirma” reía Antonia. –“lo sé, eso lo sé, sin embargo he sentido el absurdo de fondo, como si el vino se vaciara por una cavidad sin permitirme tomarle…” Esta conversación placentera tendría que acabar con la noche y su sueño. Federico sumergió su interés en el absurdo. Sin estar muy convencido ahora de demostrar si alguna causa primera, algún demiurgo, antropologizado o no, daba el sentido, resanara las grietas de hundimiento de Federico. Las pruebas perenes, lo oscuro de las sombras óbices de los latidos que llevan la sangre que hacen fluir fausta vida. Desde si, Federico no se notaba convencido de la nihilidad. De manera que le broto la mejor conclusión, verdadera y convincente que un ateo puede mostrar su sentimiento, dejando ver parte de su sangre corriendo por los pasillos vacios en un fin de semana. De un hombre y su pensamiento convencido por la nihilidad. Porque un hombre nihil lo único que puede hacer antes de reconocerse es morirse.

jueves, 8 de abril de 2010

El ser colmado


…Bien. Terminaré con una historia de mis memorias baladís, historia de un final que causara asombro a mis colegas, como a su protagonista. – será un placer escucharlo su majestad[*]:

“En alguno de estos lugares, deambulaba Don Dónatelo, preocupado toco la puerta de su más cercano conocido, el amigo de sus viajes interminables; Pedro Hilario lo invito a pasar y le ofreció las consideraciones hospitalarias. Donatelo recién venia de ver a su esposa parir. -´¿Cómo?¿ha pasado algo?¿todo bien?´ pregunto asombrado Pedro. El otro tomo inmediatamente un trago de tequila que había en la mesa, y repuso después que la práctica del parto resulto sin complicaciones: -´lo sostuve envuelto en mantas frías, con los brazos pasmados y los oídos exaltados por los lloriqueos de lágrimas que hacían una mezcolanza entre la sangre del útero que lo esculpió´. El sentimiento de Donatelo era mezquino, a sabiendas de su impotente decisión de invocar el nombre adecuado al ser intuido que a él se le había encomendado: en el momento de su nacimiento Donatelo debía descifrar el nombre de su engendro, debido al lazo estrecho que vinculaba el nuevo engendro con su espíritu. Era esta una misión espiritual, que Donatelo creía imprescindible. Sin embargo, el asombro lo sobrepaso, lo hundió en un misterio. A Pedro le resulto absurdo la indecidia del hombre: -´!he Donatelo! Es fácil, solo decide un nombre... Estas ahogado en un vaso de agua´. --´agua a la que debía acaudalar, y ofrecerle el soplo del ser´ - con angustia cabal replicaba Donatelo. Podría a ver sido cualquier nombre que dilucidara al pequeño, cualquier melodía fonética contenida en una palabra. Regreso Donatelo al sendero que llevaría a su casa, pero antes de llegar tomo la desviación que con suerte llevara a alguna parte del puerto y su muelle...."

...Pero ¿se imaginan ustedes aquí presentes la vida de un niño sin nombre? Yo, apreciados súbditos soy el que reina esta tierra. Yo, primogénito de Don Donatelo, judio consumdo. Aun soy lo que me ha dado aquella indecidia, que siempre deviene. Que siempre es indómita ¡como mi reinado! ¡Salud!.

[Entre risas y ultimos tragos se fueron cansados, tomando cualquier desviacion que con suerte los llevara a un catre y su almohada.]
___________________
*En el vestibulo del trono real, se acostumbraba a contar historias, en una relacion por igual entre subditos y reinantes. asi en tiempo de guerras y de indecidia.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Alegoria


A poco de dos millas se vislumbraba un marinero en barco de plata surcando el sendero, palpando el límite de dos profundos: agua y aire. Y el sonido vinculante de angostos rayos perforando al ave, la mantaraya. Luz que seduce y recrea. Inmerso está el barco de plata a eso, solo el horizonte le pertenece al ver la diferencia de no poder volar o sumergirse mientras es barco. Y el marinero lo sabe. Sus ojos especulan con mirada seductora, llevando a cuestas la botella sellada de corcho, dentro de ella tiempo e ideas. La botella y el corcho pueden ir sobre agua y sobre tierra mientras no prescinda la mano del marinero entusiasmado por llegar a un pedazo de tierra. Sobre barco de plata desliza los límites, sella sus sueños, busca el escondite que cree haber encontrado cuando lo escondió, montaraz búsqueda por el ave y la mataraya.

Dicen los que le vieron despertar antes de partir y dibujar su sendero náutico, escribir con carbón al reverso de un mapa en papiro algo idéntico al verso “este es el rayo”. Y partió prometiendo el mañana y el punto de encuentro. Apoco de dos millas grito sin ser escuchado sino sólo viendo el punto finito de su lejanía: parecido a una gota, que se cuela por el límite del aire en su estruendosa lluvia, o como la burbuja que imperturbada recorre los océanos para encontrarse con la gota, asombrosamente acaece en aquel marinero y su barco de plata.

jueves, 4 de marzo de 2010

COINCIDENCIAS CON EL VIAJE SIN IGUAL DE UN TAL HANS PFAALL


Lo primero, después del susto que fue víctima el gato, fue el nuevo concepto que había ante mis ojos: noche oscura, con el solo grano de claridad del fuego insuficiente de mi globo, temperatura muy baja, Lluhl mi gato respiraba con alguna dificultad; lo sorprendente es que dentro del globo miraba cuadros de los que yo había dibujado y colgaban en mi casa. Sobre una mesa una jarra de agua: todo ello ¡dentro del globo aerostático!
Jamás recuerdo semejante oscuridad y tan baja temperatura: el fuego era mi Dios, ¡digno de mi devoción! Lluhl hecho una bola arriba de la mesa, no se le veía mucho movimiento. Después trataba de beber del agua que la jarra contenía, yo tuve un momento después la imprescindible sed, y bebi de la misma. De un costado mío hallaba un recipiente grande con pintura color verde, de lado una brocha. Color verde intenso, podría ser analogía con la selva mas tupida de la tierra.
Como en otras ocasiones, víctima del tedio, me sobrepuse y abrí el recipiente, me di cuenta de que el gas del globo (el cual estaba totalmente cubierto por caucho resistente) se terminaba considerablemente. Tuve que abrir un pedazo de caucho y mirar afuera; lo que describo líneas arriba es corto comparada la impresión que tuve: apenas se vislumbraban pequeños rayos de sol, el globo estaba encima de una llanura inmensamente desierta, muchas rocas amorfas y hoyos casi grandes pozos, en suma, todo ello registraba una extrañeza. Salí del globo con la cubeta de pintura, mis respiraciones tenían problemas, me sentía un poco mareado e hinchado, no lo podía explicar. Me dirigí hacia un gran hoyo: la tierra curva pero se hallaba firme; el tedio evoluciono y comencé a aplicar pintura sobre la tierra. Pensé que se vería bien desde alguna montaña por la mañana. La salida del sol se retardaba demasiado, pues ya casi llevaba la mitad de la superficie que me dispuse a cubrir de pintura. Me canse demasiado y me recosté.
Lo que sigue lo cuento con el sentimiento más angustioso que de mí vida ha devenido. Mi muerte en la luna. ¡Donde se apoyaba el globo, Lluhl, el fuego y yo! !sobre la luna! El sol se vio inmenso, casi el doble que en la tierra, su luz lastimaba mis extremidades, la retina de mis ojos. Después la tierra apareció como si estuviera en un papel secundario dentro de una obra espeluznante. Yo como espectador y su fatalidad. Me quede perplejo. El día duro mucho tiempo, la verdad no lo sé preciso: no tengo noción de tiempo. El verde que había pintado brillo como no esperaba, pero la tierra era un espectáculo multicolor, en ese momento se me borran las palabras… he decidido morir, no intentar más allá de lo que podía hacer: contemplar tan semejante espectáculo. Me recosté… de reojo contemple el verde que había colocado, e imaginaba como Lluhl quedo tieso… la angustia de la muerte se vio minimizada ante la fatalidad de un hombre como yo, una migaja entre esferas que con un dialecto, de no sé donde, un dialecto que acaba con mi vida pero me ofrecian una contemplación obligada de la eternidad…1
______________
1 Más tarde una expedición de la NASA rescato semejante escrito. Se oculto por ser contradictorio a la “gran Azaña” de la ciencia. La NASA debía ser la primera y única en “conocer” la luna y su infinito.

miércoles, 20 de enero de 2010

Botas en Plomo


Se suspenden los vuelos; cualquier viaje espacial. Se prohíbe algún embarque en el mar y ni siquiera poder saltar. En las vísperas de la noche sucedió el percance que interrumpió hasta la vida más cotidiana. La emergencia que se hizo saber no es para menos: cerca del horizonte un pescador en pleno temblor de su lancha vislumbro una parvada de pelicanos caer, súbito. “¿un temblor en el mar?” pensó Tito. Su lancha se ahogo, a su suerte él no se hundió: sus pulmones entrenados.
En tierra firme ni temblor que estremeciera, con el solo inconveniente que todo se hacía lento: pesaba el cuerpo, miles de aves por los suelos, la fonética en tonos graves. En noche la neblina caía a los pies. En suma, Eolio desamparo al hombre, al mundo. Eolio dejo de soplar.
Científicos en su afán de explicar con su método el evento, se aferraron y quebrantaron los medios, dijeron la causa a cuestas de extrañeza: “es un cambio en la atmosfera, estamos seguros que es por la ausencia de co2, según los últimos resultados“. Las religiones y su enjundia de por fin ver algo extraordinario, miles de historias vagaban. Nuevos ídolos, nuevas creencias. Nuevos juegos infantiles que desafían la altísima gravedad. La humanidad con botas de plomo. Del amor se puede decir que es el único sobreviviente a la causalidad: los que saben amar todavía saben volar. Quién extraña a Eolio miente, no lo extraña a él, extraña sus viejísimas costumbres que le mantenían el cuerpo en costras, olvidando su silueta entrañable. Solo aquel percance hacia recordar al hombre que pertenecía a lo infinito, al mundo.

viernes, 15 de enero de 2010

Recuerdos de Crisjhe


Una memoria vale la pena para cuando el silencio reine,
Un reinado la vale cuando hay silencio en vez de ensordecedoras protestas.
Y viviendo mi reinado vale más que las replicas de mi silencio…
Demasiado material escasea para esta noche reabrir la monótona
Fabrica de los recuerdos. Simple y vago acorde entrar en sueño, pensamiento de pensamiento
Porque allí está reverberando la analogía para la vacuidad de la memoria.

sábado, 12 de diciembre de 2009

...del suspiro mEtafisico


Súbitamente llega a mí el aroma que liga mis pensamientos a la época donde se dieron conciencia las muchas impresiones de lo que vivía: la niñez. Parece que tengo el gusto de seguir utilizando aquel filtro. ¡Pero, claro que no es lo mismo! Aquello es meramente un recuerdo, que de tanto ajetreo en el lago del olvido, por intentar su innextinción, quedar ahogado, se ha volcado a sí mismo en confusión. Aunque parece que respira su estertor con este aroma, ligero y muy diferente a lo que una vez fui con él. Un recuerdo nunca se ahogara siempre y cuando no se genere en un vacio. No hay olvido. Las cosas similares con las que van unidas mis impresiones pueden aparecer en cualquier momento...

viernes, 23 de octubre de 2009

EL CICLO DEL CORCEL


El ciclo del corcel

Asecha la sospecha:
La fluyente vía corpórea
que desemboca entre tu pierna,
Llegó a los labios de mi boca
con el húmedo sudor de tu silueta;
Sospechado ciclo:
Le hago volver a tu labiado rojizo
el aroma y mi saliva.
Palpar lo muy sensible de mi cuerpo,
en su suma cálida:
Endurezco y memorizo,
momento de roce y sombra imagen,
Que enajeno la mirada a tu cuello asequible.
Así, el tacto se aferra a tu seno y abdomen,
el tuyo, en mi espalda y recóndito origen.
Intuyo, el nuevo tinte del tejido
en selectas partes de mi piel,
que provoca mi evocar inconsciente:

El “mariana” en timbre ligero y fiel.
Duermo, caído en el presente y su atisbo,
Que el mañana funge insulso: ¡pérfido corcel!

CONTRASTE TENSADO


CONTRASTE TENSADO
En pequeños sorbos suspiro
La inmutable parte de tu ser,
Yo, condenado a aquella
Infinita sed,
Aun con el cofín de la muerte
Y su giro:
"Sinsentido" me replique,
Reniego y doy eco
A la fe del misterio
y del hombre,
Siendo vehemente bebedor
Del corredor de tu prodiga fuente.
Cuan agónica decidía:
¿Antídoto O veneno?

jueves, 22 de octubre de 2009

LA ALMOHADA, EL ATISBO. Prolegómenos para una utopía tardía

















Al despegar la oreja de mi almohada y mirar abajo, se torno un silencio continuo en la habitación; me daba cuenta que el alba aún no estaba presente, sino su madrugada. Aquél hecho, concordó con mis recuerdos últimos: antes de dejar la vigilia. Recordé haber dejado el libro en la página 297, panza abajo y justo en el sofá... estaba ya en la encrucijada del memorendum pitagórico: me recosté; cerré el tomo; entré al mundo de la lectura; comí un caramelo; desfondé el caramelo… basta. Supondría que di término a la re-presentación en cuanto desperté. Quizás volví a quedar dormido, lo que esa mañana me llevo a precipitar el desayuno.
El olor de la hierbabuena es lisonjero que hace que vuelva la mirada al artilugio de mi mesa: un viejo artículo “Nueva tecnología. Discreción del ADN”. Un conocimiento totalizante siempre había sido precario... lo supe, otro lo supo. El seguimiento de la estructura del ADN humano carecía de memorendum: siempre fue detrás de ella la tremenda manipulación natural. "Construcción" de un mundo en lo perdido, fue lo que si hubo; el desplazamiento de lo natural por parte de la civilización cuantificada, el afán de la utopía del "hombre primitivo": aquél que una vez fue bello, el que luchaba infinitamente contra su mancilla, ¡aquellos aires de armonía tienen que regresar!-exclamaba el hombre modernocientifico.
Porque tardaba tanto el alba de las mil impresiones y nostalgias barruntadas en la ausencia del bosque más cercano, en la presencia del centro comercial que pondría en vanguardia al municipio; el comercio y la finalidad mutaron sus mascaras en necesidad; pavimentos nuevos, presas únicas creaban el gran monopolio”. Tanta parecía su fuerza que las costumbres se volcaron recetarios de hamburguesas. Las palabras y las cosas sólo eran un hombre al televisor.
En ese momento un adolescente miraba detrás de mi fractal. No tarde en invitarle a pasar. Pareciese de nueve años, mínimo siete, mis cincuenta y cinco años permitianme considerar como mirarlo, al tiempo de recordar mis mozos años. Pero era de quince todo un adulto considerase hoy. Bastaron tres palabras para que el señor tomara lo que quería y largándose, ahorrándose el saludo o cualquier majadería por lo menos, asió la puerta y tras cruzarle fue como si se hubiese impregnado al infinito inacabado de su deber, saliendo con sus pasos discretos y su mirada inquietante.

No hace mucho cerraba un ensayo de la historia intitulado “llegada del retorno: nomos y physis”, de manera modesta hablaba sobre el interés de lo fenoménico, factico, del origen y la razón de ser de todo, tal es la cosmogonía. Cada palabra como si se soltara una carta llena de la sensatez de estar en el juego de la existencia. Esta era la pregunta por la naturaleza; la noche soslayada y el Kaos irrumpiendo la vida; y todo el sometimiento de lo real impide recordarlo todo, donde solo el mito correspondía a la imperiosa necesidad de dar el sentido...

Ya supuse que clase de incertidumbre les depara a aquellas maquinas robóticas que hemos creado. Y de los pocos humanos que restan al escueto pedazo de naturaleza. El suicidio les convenció a unos, una vez soñado el afán de vida eterna a merced de la ciencia fue posible una prorroga en nuestras vidas fáciles, sin el fantasma de la muerte que pusiese a pensar a cualquiera. En aquél tiempo la comunidad científica luchaba en la abarcable respuesta; aunque había un problema dueño del desencanto eterno: la memoria humana, a palabras griegas un Kaos dentro de nosotros mismos: la vida se hacía insoportable por la mente frustrada y fastidiada, que paradojicamente anhelaba la muerte.
¿Qué son las reglas de los hombres si no las impuestas en cada maquina robótica? !ay! la osadía de tener más reglas inmutables que hombres mortales que a su causa mutaran aquél propósito. Hoy sólo un humano por un millar de maquinas robóticas. !Nosotros los cincuenta! venerados por la especie de robóticos binarios. !Nuestra creación fue nuestro reflejo! que se vuelca en contra del nosotros mismos.

Sólo una cosa para ellos no hay: es la memoria. Sus miradas atraviesan periodos negros, la noche no reconoce lo absoluto del día: ahí estará nuestro olvido.
Inevitablemente mutaremos a una engañosa y extraña causa sui de ellos mismos. Jamas podrán igualarnos. Ellos son para su infinita progresión, y aún así, un próximo retorno darán cuenta de lo que ha pasado.
Aquí ya no hay alba sino ocaso, o al menos son indiscernibles sin nosotros sus creadores: sus poetas muertos. Ciñe el maleficio de una eterna paradoja; destrucción y creación: lo que no se destruye se crea, y ya lo creado se destruye y pereciendo así como el nacimiento alcanzase a escuchar sólo una palabra:__________ sea un lloriqueo, sea una preposición engendrada de la ambivalencia.
Que sólo es parte de la comprensión, en la imposible ausencia del devenir. Diremos en la muerte. ¡Oh! mis amigos los griegos y su música en mi almohada, mirando abajo; el Hades de mis entrañas arrodillándome a ensalzar:


“A esencia antigua: nuestra poesía,

Dejo fósil de concupiscencias que engendraron

El comienzo de su súbita existencia,

A manera reciproca anuncio el engaño:

Colgaran del anzuelo que les fue asignado

Como agua fue conmigo,

Su tecnológico destino.

Que el dedo de un extraño anuncia la presencia,

Que alegóricamente es muerte, no fin de la existencia.


El anatema de tu propio ser, propio

De baladí eternidad, has llegado a olvidar

Hasta el logos rechazado,

A ti la palabra es trivialidad;

Cuando dicen algunos que las grietas

De alpinos arbustos son descifrables,

Ahí estás en tu noche, en tu balcón.

Sólo lo que cifra: Muerte, el eterno poeta.”